
Son pocas las presidentas en el mundo; más aún las mandatarias fashion. Y para nuestro deleite, aquí al ladito, tenemos a una de las Top, lo cual no era para menos con la fama que tienen las argentinas a nivel internacional.
Doña Cristina no podía desentonar y aunque por Internet circulen algunas fotos previas a su cirugía o que sus detractores aseguren que, más que una operación, se hizo una regresión; debemos reconocer que quedó fuerte.
Tan buena que a veces parecía que se dedicaba más a la apariencia física que a gobernar.
Sin embargo, debo admitir que he empezado a mirar con mejores ojos a esta presidenta latina luego de su último decreto firmado, en el cual solicita a todo turista que desee ingresar a Argentina y provenga de algún país que exija a los argentinos pagar una cantidad de dinero por concepto de gestión de visa, a ser recibido de la misma manera, invitándosele a abonar una cifra similar en los aeropuertos gauchos.
Si bien no es la primera pues otros ya lo hacen desde hace un buen tiempo (no podemos olvidar a Lula pidiendo dólares, foto y huella a todo gringo que desee bailar samba); es saludable que desde el tercer mundo y especialmente desde los destinos de moda, se promuevan estas políticas de respeto que nos salpican positivamente a los vecinos.
De igual a igual como dice León Gieco.
Para los que andamos de trip en trip y tenemos que sacar con semanas de antelación cada visa, esperar si nos las dan o sencillamente ser mirados como potenciales sospechosos de algo en los aeropuertos nórdicos, no podemos negar que este impuesto nos genera una sonrisita picarona.
Y lo mejorcito, la cereza de la elegancia, es colocarle el nombre de Tasa de Reciprocidad. El hacer que un impuesto que hará putear a muchos de nacionalidad intocable suene tan fino, solo podía conseguirlo una mujer.
El toque femenino, dicen.